Estos hispano-yanquis son para echarles de comer aparte...
¿Qué diferencia hay entre el criterio institucional a la española (a saber, que es "apología del terrorismo" no condenar públicamente un atentado de ETA), y un canto a las virtudes del waterboarding -tortura que simula ahogamiento- (que es lo que va haciendo por ahí un canalla como Dick Cheney en Estados Unidos)?
Se me objetará que el primer caso es "sólo" a efectos políticos, pero aun así tiene consecuencias muy graves de diversos órdenes. Pero, ¿y en el segundo?, ¿cómo se explica no apreciar la justicia estadounidense apología de la tortura decidiendo la privación de libertad de su autor, habida cuenta que hace ahora elogios uno de los que precisamente la ordenaron? ¿cómo, en qué sano juicio cabe pasar por alto semejante monstruosidad condenable en grado extremo para todo pensamiento civilizado? No se puede diluir la responsabilidad de un individuo en un asunto como éste entre las marañas leguleyas, y menos relativizar la culpa de Cheney por la coparticipación en el crimen, de muchos que con él han decidido las torturas, en Guantánamo y allá donde les pillara. En todo caso, entre la forma de entender el silencio en el caso español y la procacidad que hay en el yanqui no hay diferencias cualitativas pese a ser aparentemente contradictorios los dos casos, o precisamente por serlo en espejo (uno considera apología de terrorismo el silencio, y el otro ni siquiera considera apología de barbarie propagarla). El efecto deprimente, de todos modos, es el mismo o apenas se distingue.
La justicia, ésa que persiguen algunos englobar también pero sobre la que no se ponen de acuerdo los verdugos, es cada vez menos universal. Sólo se internacionalizan conceptos hueros como "lucha contra el terrorismo" y pamplinas por el estilo. Pamplinas, porque ni se tiene en cuenta el terrorismo de Estado que practican dos especialmente, ni se respetan los derechos humanos porque se aplica esa clase de lucha para todo y además lo justifica todo...
Antes existía una civilización reunida por la cultura judeocristiana y por nociones y valores morales comunes aunque existiesen diferencias y matices según países. Pero el imperativo categórico kantiano y el decálogo mosaico uniformizaban básicamente la sensibilidad civilizadora. Estaba ésta, por un lado, y por el otro el mundo salvaje.
Los antiguos griegos consideraban que todo el que estaba más allá de la polis era bárbaro, y luego los romanos secundaron la idea. Hoy la Civilización occidental ahonda los rasgos de la última fase de una Cultura que es justamente como, desde el punto de vista antropológico, se considera a la Civilización. Y así, al tiempo que ésta se cubre con el manto solemne de los Derechos Humanos y otras zarandajas, comete las mayores barbaridades, los mayores desatinos y las mayores estupideces amparándose en unos códigos éticos de risa cocinados al efecto, según el país y la circunstancia. En ellos se escudaron Bush y compañía para acometer las atrocidades envueltas en ríos de mentiras que todos conocemos, y que aún hoy hieden en la boca de Cheney. Máxime cuando hasta un necio sabe que la confesión bajo tortura ni sirve a efectos de la juridicidad clásica, ni sirve para nada a efectos prácticos. Como inútil era, al menos a ojos del presente milenio, la ordalía(medio o prueba que se utilizaba en la Edad Media para comprobar si una persona era culpable o inocente o si decía la verdad).
Ese estado de cosas conduce a la perplejidad que nos obliga a plantearnos ciertas cosas para las que pedimos respuestas que nadie nos va a dar. Por ejemplo, ¿por qué están fuera de la ley tantos vascos simplemente por mantener silencio, y en cambio Cheney, que debiera ser encerrado de por vida sólo por eso, no sólo sigue libre sino que es un "señor" respetable que compite, encima, por estar en posesión de la verdad, y se le refuta, se analiza mediáticamente su delirium tremens en lugar de encerrarle en un penal?
Hoy podemos asegurar, sin temor a equivocarnos que el buen sentido, la razón sencilla, el recíproco amparo, la afabilidad y tantas actitudes que el humanismo ha postulado, no están en esta Civilización; ni en la europea, ni en su variante norteamericana. Sospecho que están justamente al otro lado, en el mundo "salvaje". En Occidente coexiste la alta sensibilidad con la máxima zafiedad, pero al final es siempre la basura lo que barre a la delicadeza. Y lo que es peor, lo que se lleva por delante al común sentido de las cosas.
Autor. Jaime Richart
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