El martes fue un día en el que se demostró la debilidad parlamentaria del PSOE: pretendió sacar adelanta una mini reforma fiscal que gravaba las rentas más altas, daba proporcionalidad a las ayudas sociales por bebés, entre otras medidas, pero tuvo que frenarla en seco por la falta de seguridad en los apoyos imprescindibles.
No es un mal indicio el que aunque sea por iniciativa de Izquierda Unida el PSOE recuerde que la presión fiscal progresiva es una de las características históricas de la socialdemocracia. Sobre todo en un país como España en que es mucho más rentable desde el punto de vista fiscal ser rentista que asalariado. La presión fiscal ha desaparecido sobre el patrimonio y en muchas comunidades también el impuesto de sucesiones.Pero las decisiones fiscales no pueden tener un carácter coyuntural sino que tienen que conformar parte de la esencia del proyecto del partido que las propugna. Durante los últimos quince años, el empeño neocon por adelgazar el estado y promover el protagonismo casi exclusivo de la economía de mercado sin regulación y del sector privado asumiendo servicios que antes eran del estado ha venido sostenido por la tendencia a establecer una competición entre derecha e izquierda por la bajada de impuestos.
Los impuestos son por su propia naturaleza impopulares. Cada vez que sale una nueva medida se pone en marcha un mecanismo para evitar su repercusión por parte de los asesores fiscales. Ahora los únicos que no tienen vías de escape son las rentas medias y bajas del trabajo. Las facilidades fiscales que tienen los futbolistas extranjeros, la supresión del impuesto del patrimonio y la tendencia a suprimir el de sucesiones en muchas comunidades son una demostración de que la izquierda ha aceptado esos credos liberales. Ahora, con el déficit público en estado de crecimiento insostenible, la búsqueda de nuevos recursos le recuerda al PSOE sus orígenes socialdemócratas. Pero ese impulso sólo duró seis horas porque su precariedad parlamentaria no le permitió mayor recorrido. Tal vez tenga que interiorizar que la pedagogía entre sus seguidores es el único camino para recuperar las esencias socialdemócratas y tener soporte parlamentario basado en la aceptación popular de algo tan elemental como es que los que más tienen más deben pagar.
Carlos Carnicero es periodista y analista político
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